Croacia nos encantó. Muchísimo. Pero si volviéramos mañana, no lo haríamos exactamente igual.
Cuando planificas desde el sofá de casa, solo ves fotos de aguas turquesas y ciudades de piedra. Pero cuando viajas con niños, la ecuación cambia: el ritmo, los traslados y la logística pesan más que la belleza del destino. Después de kilómetros de experiencia, esta es nuestra reflexión honesta sobre lo que sobró y lo que no quitaríamos por nada del mundo.
🚗 Lo que NO repetiríamos: El exceso de coche
Si hay algo que nos desgastó, fue la cantidad de kilómetros. Sobre el papel, Croacia parece compacta; en la práctica, es exigente.
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Carreteras lentas: Muchos tramos de costa y curvas.
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Logística de ferrys: Los horarios te condicionan el día entero.
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La realidad: Niño + coche = cansancio acumulado. No fue insoportable, pero sí fue el mayor foco de estrés. Y mira que Nacho no se marea y lleva muy bien el coche. Casi que es más por mí, yo sí me mareo y se me hace duro si no conduzco.
💡 El cambio: Reduciríamos una o dos ciudades para ganar días de «no hacer nada» o dividiríamos el país en dos viajes distintos.
✂️ Lo que quitaríamos del itinerario
A veces, «menos es más», y en esta ruta hubo dos puntos que se quedaron algo cojos:
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Zadar: Interesante, pero prescindible. El órgano del mar es curioso y el Saludo al Sol tiene su encanto, pero viniendo de la magia de Hvar y Korkula, el día se quedó plano. Fue más un punto logístico que emocional.
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¿Qué haríamos? Dormir solo de paso o saltarla para ganar una noche extra en las islas.
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Zagreb: Una ciudad correcta, pero fuera de contexto. Es verde y fácil de recorrer, pero después de la naturaleza brutal de Plitvice y las playas, Zagreb se sintió como una ciudad europea más.
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¿Qué haríamos? Eliminarla o reservarla para una escapada urbana centrada en Europa Central.
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✅ Lo que fue un ACIERTO TOTAL (Los imprescindibles)
Aquí no tenemos dudas. Si estás montando tu ruta, esto tiene que quedarse:
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Plitvice (Entrada 1 + Recorrido B): Es famoso por algo. Usamos el barco y el autobús para aliviar las piernas de los peques y, con buena planificación, no se hace pesado a pesar de la gente.
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Rastoke: El contrapunto perfecto. Ritmo lento, cascadas accesibles y el lugar ideal para bajar pulsaciones.
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Dubrovnik, Split, Korčula y Hvar: La esencia de Croacia que justifica cualquier viaje.
🎯 Nuestra conclusión real (no la «bonita»)
Croacia no se disfruta «tachando ciudades» en una lista. Se disfruta eligiendo menos y quedándote más tiempo en cada sitio. Viajando con niños, esta regla no es opcional, es la clave para que el viaje sea un disfrute y no una maratón.
Si repitiéramos mañana nuestro itinerario sería: ✔️ Dubrovnik + Lokrum, Korčula, Split, Hvar, Plitvice y Rastoke. ❌ Fuera Zadar y Zagreb.
Resultado: Menos coche, menos cansancio y mucho más disfrute real.
🔗 Este post forma parte de nuestra Ruta por Croacia con niños: itinerario real y consejos prácticos. ¡No te pierdas la guía completa!



