Si hay algo que hace que Rastoke sea realmente especial, es el río Slunjčica que atraviesa el pueblo. Mientras paseas entre molinos y puentes, te das cuenta de que el agua invita a meter los pies… y a más. Para mí, y para cualquier día de verano, un chapuzón en el río es casi obligatorio.
Por qué bañarse en el río es un plan genial
- Agua cristalina que refresca al instante.
- Ideal para que los niños jueguen libres y seguros, bajo tu vigilancia.
- Pequeñas pozas y zonas tranquilas donde incluso los más peques pueden entrar sin miedo.
- El entorno natural convierte cada baño en una experiencia visualmente impresionante.
💡 Tip viajero: lleva escarpines o sandalias de agua, porque algunas piedras pueden estar resbaladizas o afiladas.
Cómo disfrutarlo en familia
Para que la experiencia sea cómoda y divertida:
- Elige zonas cercanas a los molinos o puentes, donde el agua es más calmada.
- Aprovecha para hacer fotos de los peques jugando: el contraste del río con los molinos es precioso.
- Combina el chapuzón con un paseo por Rastoke o un picnic a la orilla del río.
💡 Tip viajero: lleva una toalla y ropa de cambio; así puedes seguir explorando el pueblo después del baño sin problemas.
Cuándo y cómo bañarse
- En verano, el agua está más templada (en Junio fue imposible hacerlo)y el plan es perfecto para mediodía o tarde.
- Evita las zonas con corrientes más fuertes; aunque no son peligrosas, mejor ser precavido con niños.
Puedes combinar el baño con una parada para comer en Petro o continuar con un paseo por los molinos y cascadas.
Si quieres aprovechar el día al máximo, combina chapuzón + paseo + comida en Petro + ruta en quad, ¡y tendrás un día completo en Rastoke!
Cervecita en la terraza de Vodena Ovca
La terraza de Vodena Ovca se levanta justo sobre el río, al lado del puente francés antiguo de madera, y desde abajo parece que flota entre el agua y los molinos antiguos. Nos sentamos con una cerveza fría, literalmente sobre el río. El agua pasa por debajo, el aire es fresco aunque sea verano y todo se ralentiza sin darte cuenta. No es un sitio para quedarse horas ni para pedir comida (porque no tienen): es ese momento intermedio en el que descansas las piernas, miras alrededor y te dices qué sitio tan bonito.
Mientras tanto, el peque sigue a lo suyo, mirando el agua, las corrientes, los saltos pequeños que se forman entre las piedras. No hay prisas, no hay “siéntate bien”, no hay tensión previa a la comida. Solo un rato tranquilo antes de volver a moverse.



